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Crisantemos en los ojos

martes, 16 de diciembre de 2008

Incesantemente volteo la mirada, me regreso mil veces sobre los pasos que han andado mis ojos, una y otra vez. Las huellas que dejan las miradas nunca se parecen, siempre dan la impresión de ir y de volver, como si el mar fuera una historia que se regocija en besar y, elegantemente, desparecer dejando espuma -coqueta espuma- cubriéndole las espaldas desnudas de amante que esconde sus pecados en el momento exacto, en un guiño.

Los ojos son crisantemos que se abren de fauces al sol: quieren mascar todo su resplandor y vivir para sí, aunque el mundo quede oscurísimo. Pequeños crisantemos, livianos y erguidos, tratando de comerse a un rey. Mis ojos hoy se convierten en ellos, batallando por engullir luz.

Pasan por las calles unos seres, de aquellos sobre los que uno ha perdido la potestad de llamarlos por su nombre. Un nombre es un lazo gigante y un cascabel al cuello. Poderoso es quien tensa el lazo invisible sobre los cuellos de aquellos que transitan. Hoy los cascabeles no suenan, aquel bramante hato es estampa en la repisa. Ahora, con las manos vacías, el aire se escurre en el tirón que por reflejo uno realiza al ver escaparse hasta las sombras.

Ni en cuentos la soledad ha sonreído en tantos rostros que huyeron flotando por sobre las baldosas, con sinuosidad casi ensayada de antemano, sabiendo desde siempre que los cafés son tan sólo excusas de un timado cazador de historias dichosas para salir decidido a cazar al sol con dos crisantemos en los ojos.

Tú, el amor y Balzac

Soy consciente de tu negativa, e igual te hablo como si fueras el receptáculo designado por D'os para tanto fervor. Aún más devocional aquello que te digo es, que lo que sentía Eugenia Grandet por su primo en extramares mientras él, de piel curtida y corazón magro, andaba desencontrando amor en mulatas que lo miraban con rostros seráficos allá por costas americanas. Supongo que mi historia camina ese mismo trecho, así es que me dedicaré a aprender a tejer y llevar las cuentas.

Ah, el papá Grandet! de haber sabido que era él también padre mío, habría vendido mi peine de plata, para no recordarte a ti siempre mil letras por detrás mío en la historia. Los libros siempre tienen razón, supongo que hoy los cerezos me contarán una historia que me jironée en lienzos serriformes el alma.

La medida de mi gozo

martes, 18 de noviembre de 2008

Relatado vaticinalmente, premonitoriamente, llegó a mí y prometí entregártelo también porque dueños somos ambos de aquello que se escribe sobre nosotros, aún antes de nosotros mismos.


"Paseo de noche. Hemos hallado en una calle escondida del cielo por ramajes graves y densos. Ahora el cielo no existe; se ha arrollado como una alfombra, y ha quedado desnudo el entarimado del espacio por donde los mundos caminan -sociedad elegante- con lentitud, con silencio, con fastidio. Ahora te amo como nunca te he amado, verdaderamente, dolorosamente, no sé cómo... A andar por esta calle que nos devuelve los pasos y las voces como una gruta... (...)Por un momento, nosotros sonamos, vibramos en esta zona de noche como todas las cosas -ventana, ventanas, ventanas... Ahora yo puedo ser un héroe con el pecho convexo y ensangrentado. Si ahora te raptara yo, tú me arrancarías mechones de cabellos y clamarías a las cosas indiferentes. Tú no lo harás. Yo no te raptaré por nada del mundo. Te necesito para ir a tu lado deseando raptarte. ¡Ay del que realiza su deseo! El mar canta lejano como un coro que se acerca en la ópera. De pronto susurra en mis orejas como un vaso de soda que pierde su gas. Un piano es toda la noche pena antigua, cursi, a cuatro manos... Ahora te digo mi sentimiento:

-Yo te amo porque tú no me amas. Tu pequeñez me orienta la esperanza en la búsqueda de la dicha. Si tú crecieras como los árboles, yo no sabría qué desear. Tú eres la medida de mi gozo. Tú eres la medida de mi deseo. Detrás de todas las muertes, está el júbilo de reencontrarte en los paraísos terrenales.

Amor, cosa pequeña que no crece nunca... Si un lucero cayera, tú lo recogerías, y te quemarías las manos. Mi amor no ha caído del cielo, y por eso no lo recoges.(...) Tú ríes, y tu risa me reconcilia con la noche.

-¿Por qué no me amas? Sencillamente me abandonas al viento que pasa, y la hoja que cae y el farol que alumbra, como si al perderme nada perdieras. Y mi amor en esta hora es lo único que te es atento. Ahora nada inquietas sino mi amor que te sigue como tu sombra, queriendo verte los ojos. Ámame, aunque mañana, al despertar, ya no me recuerdes. Ámame, la hora te lo exige. ¡Ay de quien no obedece al tiempo!

Más allá de la noche, la aurora de la mañana con sus olores y sus colores. Más allá de la noche, el canto de los pájaros madura en lo futuro como las frutas en los árboles. Mas allá de la noche, tus pensamientos escogen realidades para encarnarse. Y mi amor te sigue por la noche sin cielo de esta calle, como la memoria de un perro tuyo que hubiera muerto."

-La casa de cartón, Martín Adán (1928)

"¿Cómo eres?"

miércoles, 29 de octubre de 2008

Hay una pregunta que, durante mi aburrimiento, suele llegar a mí cuando paseo por los oscuros caminos del chat para paliar éste: "cómo eres". Seguidamente, mi cara se desencaja como en un calambre facial.

Tengo una aversión absoluta por esa pregunta, siento que soy sometido a un casting. "Pero, (me dirás) ¿qué tiene de malo esa pregunta?" Pues es muy sencillo: La respuesta va a convertirte en una lista de valores calificables desde la más indolente objetividad, un inventario de virtudes y defectos disociados, ya sean tangibles o intangibles, que terminarán por reducirte a ser un objeto de estudio.

Imaginemos que salgo con una persona y tras muchas ocasiones termino por dormir a su lado (en el mejor sentido que pueda presentar esa situación) y, al despertar, me comenta con una esas caras mandadas a hacer en el cielo que salen a relucir, como vajilla fina, únicamente en ocasiones especiales "Qué lindo roncas". Eso es conocer a una persona: Ir percibiendo cada una de las características que conforman al sujeto bajo tu propio lente y obteniendo un juicio apropiadamente parcializado. El análisis, por otra parte, es un listado que no permite contextualización alguna: "De noche ronco" podría decirle, y esa persona pensaría "ni hablar", aún cuando ésta podría ser la misma del ejemplo primero. "Analizar", en resumen, no es ni remotamente parecido a "conocer".

Yo quiero conocer a alguien -debo admitirlo- mas para ello no debo ir entrevistando a las personas; Además, siendo nosotros mismos nuestros propios censores al momento de hacer esta escueta reseña a la que terminamos reducidos, ¿quién garantiza la fiabilidad de los datos?.

En otras palabras, para sonar más cercano y coloquial:

1) No puedo decirte todo lo que soy en un párrafo.
2) Aún si pudiera, está en mi cancha el elegir qué decirte y qué no.
3) Lo estaría haciendo sólo para someterme a tu análisis.
4) No tengo ningún interés en ser analizado, quiero que me conozcas.

Guardo siempre una esperanza de conocer a alguien que aprenda a conocerme, y en el entretanto, mis peripecias por el chat se resumen a tan sólo un paseo para mitigar mi tedio. Así que, si es que llegas a preguntarme "¿cómo eres?" te aviso que responderé lo que acostumbro decir "¿por qué nadie me avisó que esto era un casting?" justo antes de cerrar tu ventana.

Dosmil doscientos diez.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Ayer me afeité y traté vagamente de peinar aquello que dormía bajo ese sombrero de vaquero a mi llegada. Pensé que podía empezar, y que podía escapar, lo tenía en mente cuando te vi a los ojos y dije que no era nada, que no podía serlo, que había llegado mi momento verdadero.

Son las 10 de la mañana, estoy sudado y confundido. No te vi venir. Pero quise verte venir, y siento tu llegada, por cierto. Los dicroicos del ascensor se convierten en la incubadora que nos hace nacer, que me hacen despertar de mi sueño ovoide y sencillo. No hay sino luz y tus palabras desde hoy.

Todo pasa nuevamente cada vez y se repite. Hoy no es hoy, pero eres tú quien me repasa nuevamente cada línea como el soplo que acostumbraba recibir al despertar, hoy es día en el que naces y en el que mueres con el sol, hoy es el día de este eterno ayer.

10 minutos (Post 200)

lunes, 7 de julio de 2008

Tengo diez minutos para una empresa tan importante como la de escribir mi post N° 200, así que seré breve: A lo largo del tiempo, desde que empecé escribir, parte de mi motivación para hacerlo fue la de llevar una suerte de bitácora de mi vida (tal como lo comenté en el primer post de esta aventura literaria post-moderna) en un formato de poemario por entregas. Comenzó como un poemario vacío, y a lo largo del tiempo se convirtió en un registro online de cuanto acontecimiento me haya signado con la suficiente fuerza como para escribir acerca de ello.

Sé que no muchos me leen, se que no muchos visitan, y otros tantos -conocidos míos- tampoco tienen una marcada predilección por el verso. Aún así, eso no es lo importante para mí, sino saber que ocurren 3 cosas con este blog:

1.- Poca gente, de algunos lugares, lee y se ve en el reflejo de mis letras.
2.- Pocos amigos míos siguen mi vida a la distancia, como si de una novela se tratase, y me hacen saber de su compañía.
3.- Tengo a mano un mapa de mi propio avance.

En tanto sirva para esos 3 propósitos, puedo darme por bien servido. Es que al empezar yo sabía que no iba a lograr ganar Nobel o alcanzar lauro alguno sólo por tener un blog donde despotrico contra algún capricho esporádico del destino; más bien, fue exactamente eso lo que me dio la comodidad para ser yo, en toda la extensión de mi palabra.

Hoy también decidí tomar un poema antiguo, cualquiera, y así hacer un análisis de mi avance como persona. Helo aquí:

409 (2000)

En la esperanza
tropiezan las verdades
más celestes y ligeras
que revolotean en los ojos
como mariposas de cristal


Irónico, ¿no? Tan antiguo y a la vez tan actual... Así que, lamentablemente, tengo el deber de decirme a mi mismo que, 700 poemas después y 200 posts más tarde, estoy exactamente en el mismo sitio donde empecé. Sólo queda esperar a ver qué me trae el post 300.

Gracias a quienes me acompañan en el trayecto.

Invierno

domingo, 22 de junio de 2008

Gracioso, me da frío en los ojos. Ya voy camino de mi casa, habiendo roto la promesa que nunca le hice con un par de Peronis y una espera de taxi. Es verdad, le vi, pero no sentí nada, nada más, -ni siquiera remotamente- de aquello que sentí al darte un beso, ese beso.

Me dijiste que beso rico, yo no te respondí. No hay nada que mengüe el ardor, no hay nada que me calme. Mientras mis besos eran ricos, yo pretendía sentir los tuyos de otra manera: los tuyos me hicieron sentir bien, los tuyos supieron a sueño. Y entre todo mi desorden, esa magia que no puedo descifrar es la que me sigue llevando contracorriente. Es la que me hace sentir todo el invierno en los ojos.

El escape

miércoles, 18 de junio de 2008

La resaca me va a matar, y yo espero que la resaca me mate. No consigo descanso, no estoy lo suficientemente loco como para matar, ni tampoco lo suficientemente cuerdo para dejarme morir. Y aquí que se acortan todas las salidas y no puedo huir de ningún lugar... He tomado conciencia de mi paradero: es el absurdo equilibrio sobre la línea abierta que divide los techos, entre no poder escapar de mi mismo y no poder escapar del resto.

Abrazo

jueves, 12 de junio de 2008

Venía caminando mientras tarareaba Normal 1, esa canción que siempre me sale más bonita cuando pienso con la cabeza en el suelo, llegué a mi casa y me senté en mi escritorio.

No hay nada nuevo bajo el cielo

Cuando solía estar triste, repartía un sinnúmero de amenazas de abrazos, en forma de pagarés. Los abrazos quitan el estrés, y hoy ha sido un día de estrés. Los abrazos extramarinos no son abrazos, ni tampoco lo son los del oso, o los que le das al perro.

En una época de depreciación de todos los bienes inmateriales, los abrazos suelen ser baratijas en las esquinas, y no hay por dónde encontrar uno de esos que realmente te quitan el peso de caminar en una ciénaga con los ojos vendados, y los extraño.

Extraño los abrazos como parte del gran paquete de bienes que sirven como sales de baño, chocolate en la almohada y servicio al corazón. Todo es un añorar larguísimo de brazos que remuevan las algas de mi carcasa de bote azulino y le den limpieza a mis estelas para que, habiéndose el cielo pintado de mar un día de aquellos que se fueron escondidos, amanezca desahogo en las esquinas justo en el momento en el que se apaguen las farolas, las luminarias que durante la noche contuvieron en sus límites de halos de luz todos los abrazos potenciales que no se dieron...

...todos esos abrazos, que de tanto haber vivido, hoy se vuelven dulces amenazas imaginarias.

Ya te habían bautizado

domingo, 18 de mayo de 2008

¿Cómo te llamas? Acabo de vaciar el cenicero de todas esas colillas y no hago sino pensar en tu nombre. Miraflores se veía como un recuerdo de la Feria del Hogar, y yo no hacía sino extrañar los juegos. Y aquí es que tu nombre se siembra como uno de esos pases furtivos que solían suceder, una efímera transacción ocular mientras uno iba camino del Mundo de Camila. Así es que se transforman todos los nombres en cada paseo, de esos en que te encuentras con todos.
No por tanta remembranza tu nombre dejó de ser misterio, ni el pasado dejó de congelarse allí atrás, es sólo que... sólo que... que estoy solo, y ahora tiendo a preguntarme a mi mismo, en plena vida ascética, sobre los nombres. Ya desprovistos de cuerpo, sólo los rótulos que adornan unas nadas muy grandes, será que he perdido toda perspectiva.
Y si en tanta cháchara no te he dejado entrever mi desorden, es porque eres una dulce manifestación de todas las ausencias, y como todas ellas, disfrutas del placer de no estar aquí (traduciéndose en el no leer); tal vez me hablo a mí mismo, haciéndome compañía como hace algunas horas, jugando ajedrez en la portátil.
Así que tu nombre es Soledad, ya te había bautizado García Lorca, y en pleno arribo de las noticias matutinas no haré sino rendirme ante tu presencia, es que ha llegado la hora de irme a la cama.

Arroz tostado

Días han pasado ya desde que pensé haber escrito un ensayo sobre la nada absoluta, mientras todo se desenvolvía en absoluta calma. Pero hoy, frente al fogón con el que tostaba arroz, caí en cuenta que lo misterioso era no haber escrito dicho ensayo, más bien era una mala percepción sobre una experimentación meramente vivencial.
Ya resuelto sobre el tema anterior, decidí reinstalar mi cliente de correo nuevamente, para darme con la sorpresa de que Terra ha borrado mi archivo de mails de los últimos 5 meses, y como todo workoholic, he sentido que allí se fue parte de mi vida. Pero lo he tomado muy tranquilamente, y mis manos aún huelen al gengibre con el que aderecé mi arroz tostado.

El vuelco

lunes, 12 de mayo de 2008

Con el correo que recibí de Javier mi vida dio un vuelco. Estuve, pues, el jueves en la puerta de la agencia entrevistándome con él; productor general, me dijo, la coordinación de toda la producción, te gustan las macs y hay tres marcas que amo: Apple y Toyota, te llamo durante la semana.

Ese día salí de la agencia a ver el mar, a pensar lo bonito que tiene la Lima de Adán, un barranco que te separa de aquello que te inspira, y lo deja a una prudente distancia para dedicarse a la mera contemplación. Es que, en el proceso suicida del escritor, cada inspiración es una tentación de perecer en el seno de la musa, como para morar eternamente en ella.

Luego me iba yo al evento que tenía por la noche, para encontrarme con toda esa gente que conocía allí. Pero lo mejor fue encontrarme con quienes no conocía, hace mucho que ese tipo de ojos no miraban éste tipo de ojos. Y así fue, el whisky se encargó de lubricar la velada, y la velada se encargó del resto.

Fui a mi cama a dormir para hacer nacer al viernes en el que, por la mañana, sería un productor general de una agencia grande e iría por las calles de Barranco pensando en la noche de ayer. Es que no quería otra cosa que ver el mar así, distante, pues ya no tiene sentido morir en aquello que brilla pero no es musa nunca más, ahora solo es bonito lugar en el que se refleja el sol.

Mañana, lunes, estaré una vez más camino a Euro RSCG, tratando de entender aquel vuelco que la vida prodigó.

-¡”¿;?”,:(.)!-…

martes, 22 de abril de 2008


todos se rebelan contra los signos de puntuación en todos lados para muestra un botón nuestra profesora tila del ipp hace esfuerzos denodados en la medida de lo posible para que nosotros futuros redactores creativos aunque debo aclarar que somos lo menos los que vamos por esa ruta aunque también incluyo aquí a quienes tenemos experiencia en otros campos pero queremos variar demos sentido a las oraciones no escribamos como cavernícolas pero creo que es en vano no muchos muestran significativos avances y peor aun en clase se deslizan todas aquella preguntas llamadas de relleno es decir aquellas con la que alguien sumamente aburrido quiere dar a entender que esta absolutamente absorto en los keynotes de la profesora cuando no es así y termina por preguntar pachotadas

Así que, para cambiar esta situación, ya que la cumpleañera Mariale, -perteneciente a ese tipo de amigas que no tienen la preocupación de agenciarse un Lúaj (ahí va de taquito, Miguel Angel), reclaman por llegar tarde y ,encima de todo, no procuran guardar un vasito de whisky para el invitado ilustre- me viene diciendo que no hago nada por mejorar al mundo, ya que pertenezco a una casta de truhanes propiciadores de hambrunas y calamidades llamados publicistas, he decidido proponer otro vicio de la lengua escrita: la eliminación de espacios. Así, quienes no escriban con signos de puntuación podrán sentir lo que es leer un texto sin ellos… ¡ustedes saben quiénes son!

Hagamosunacampañamundialparaqueestainiciativatomecursoy,asi,podamosalfindemostrarque,cuandocadaunoescribecomoledalagana,perdemosesebeneficioescencialdellenguaje,queeslacapacidaddeteneruncodigocomundecomunicación.¡Nosotrospodemos!

Como en una pobre Londres


Definió la estancia como un claustro de leche helada, un líquido que, malvado como todos los líquidos flotantes, se le adhería a los huesos. Y aún así, era el porche de los sueños idos, pues ya sin esperanza poco puede uno pensar para sí, excepto por la tibieza del olvido. Así relamió lo que ya había comido, presto para dormir, y soñó.

La fría libertad se zarandeaba huyendo de él, trepándose al limonero más alto del que alguien pueda dar fe. Sin ningún sentido de aguardar a que se encuentre expuesta, regresaba a dormir ya, pero fue envuelto por un pasado de manta tibia y corazón perenne, suficiente para olvidar su condición de exiliado, para unirse a la manada que no llevaba a ninguna parte.

Despertó para llorar, llorar por la leche, por las vueltas de su estómago desacostumbrado de comida, sollozó al sentir cómo el frío es más frío cuando está uno a merced de él, confinados ambos a la quietud del pórtico. En esos casos, la gelidez se retuerce sobre sus víctimas, constriñéndolas, drenándoles el futuro y reemplazándolo por dolores agudos, como caricias de dagas. La víctima entonces conoce en su imposibilidad de huir y se entrega al ballet de su congoja -como hizo él- y siguió llorando sobre aquello que quiso ser comida, que ahora es una irónica comparación con la tibieza humana.

Todo es menopausia

viernes, 18 de abril de 2008

Sí, de hecho todo fue un gran ardid para provocar que pierda la razón. Tan maquiavélico como puedo ser, desarrollé un plan para, de a pocos, hacerla perder la cordura, y qué mejor manera que lograrlo que con un perro... ¡NO! Mi madre no entiende todo este tema de cachorros, o de cariño, o de vida, en tanto no sea la tuya ni la de los que parió.

Estuve a punto de irme a tomar pisco a casa de don Diego Solís, pisco de por medio- lubricante de conversaciones- como a conocer su morada de una buena vez, que no es ético tener amigos de los cuales no conoces su cobacha, ni siquiera un atisbo; pero primero debía ir a dejar mi mochila. Al llegar resulta que, entre lágrimas y ataques hormonales, mi madre me dijo que "ya había sido todo" con el perro, había orinado sobre su cama.

Yo he orinado sobre su cama, de bebito.

Mi hermano ha orinado sobre su cama.

Mi hermano orinó sobre la cara de mi papá.

.

.

.

No es nada del otro mundo, excepto porque "no es mi hijo", dijo ella. Y eso fue todo. Aún no tengo US$70.000 para un departamentito que pueda llamar "mío", ni una suma considerablemente inferior para comprar unas pastillas mágicas, de esas que las mujeres en sus cincuentas toman y les regulan las hormonas. No sé qué va a pasar durante este tiempo en el que a la madre, avatar de la casa, se le viene la menopausia.

TODO ES LOCO AHORA.

Moco de Alien

domingo, 6 de abril de 2008


Como por inercia al haber estornudado, levanté la cabeza rápidamente -achú- como mirando hacia el cielo, en ese tipo de reacciones con las que el cuerpo pretende engañar a la enfermedad pensando que ella fue más lenta que él y que con el brusco movimiento ésta quedó desorientada mirando desde el aire diciendo "cómo no me moví hacia arriba con él". Así posé los ojos en el cielo, en los brillos del cielo, los dos, luego tres, luego dos, todos los brillos del cielo.

Cuando tenía 11 años, en plena partida de Telefunken, mis padres junto a mi ex-tío Lalo y su esposa, salieron al balcón, provocados de cigarros. Afuera, el vecino del departamento de arriba extendía su brazo como para sumar 50 centímetros al alcance del zoom de su cámara de video, y gritó hacia abajo "miren, hay ovnis". Yo bajé a ver también, y efectivamente, era una danza de luces, ovnis o no, eran puntitos de colores que se movían erráticamente, titilaban y luego cambiaban su posición, como en una suerte de coreografía de guerra. Ese video luego fue sobreescrito con un interesante capítulo de alguna telenovela brasileña, dándole todo el crédito de dicha acción a la cuidadosa hija del vecino. Esta escena, a su vez, me hizo recordar un aterrizaje, que vi desde el cuarto piso de la casa que teníamos en el pueblo fundado por mi abuelo, en medio de la selva, una poco tranquilizante escena que hizo poco menos que quitarme el sueño de lleno, además de aquella imagen terrible cuasi-apocalíptica que viví en 1988, en la terraza de mi depa, el día de mi cumpleaños.

Me soné el moco, parecido a la sangre de Sigourney Weaver en Alien Resurrection, antes de que lograse escapar de mi narina, mientras seguía mirando el cielo totalmente absorto. No sé si eran ovnis o no, eran dos y luego tres luces, suspendidas en el cielo, luego moviéndose lentamente. Es muy improbable que por algún fenómeno metereológico se haya podido divisar una carretera de esas que serpentean la cordillera desde mi departamento, incluso creo que es muy improbable que alguna de aquellas alcance semejantes alturas, pero no hay nada mejor que dejar una duda razonable, porque siempre son dudas razonables y, más certero aún... no es que las cosas no sean lo que parecen, sino que jamás sabemos lo que quieren ser, ni lo que son.


El duende de la taza azul

jueves, 3 de abril de 2008


Qué sutil violín escuchas hoy, sentado al borde de la cama, cuando es muy temprano para moverse, o muy tarde para tomar una decisión. Pero los violines calmos nunca llegan a penetrar tu coraza, porque te encuentras sumido en no pensar en eso. Es el miedo a ti mismo, ese miedo que no conoces, privado te encuentras de saber que todos los hombres reptan hasta tu espalda para rozarse como satisfaciendo el fetichismo de la ausencia. 

Placebo de foto negativa, la cargas y ha reemplazado los lugares de siempre, es el paisaje que no te has dispuesto a contemplar, foto que es una tapa sobre un vuelo de ave y una tacita azul. "Sírveme" musita imaginariamente el duende que se siente perdido hasta en el pasado. Nadie supo cómo llegó ahí. Y nadie supo tampoco supo cómo se fue.

La vaquita

martes, 1 de abril de 2008


Fue desgarrador el instante en el que me enteré que no había más vaquita. No es que yo haya afianzado unos lazos profundos con ella, ni que haya sido mi mascota de niñez: La verdad, a esa vaquita sólo la vi ella siendo aún ternerita. Aún así me dolió en el alma el que ya no sea mía.

Mi abuela está sentada en la mecedora de la casa hacienda. Ella hasta hace poco era una firma, una rúbrica, hoy es una viejita sentada en una mecedora. Ya no se puede mecer, ni ella ni la mecedora., los años le han entrado a las dos y han decidido quedarse. Es que, sin medicinas ni cuidado, habiendo ya cedido en vida los terrenos que la mantenían aún "importante", carece ahora para su hijo, el flamante administrador de facto de todos los bienes, de valor alguno. 

Vivía ella en la ciudad, e iba a ver cómo iban los trabajos en la hacienda. Ahora no hay nada que ver, en sus momentos de lucidez toma conciencia de su estado, de encontrarse despojada de todo, sentada en la más absoluta soledad, pretendiendo mecerse en una mecedora que no se mece. Esa es la más sublime de las ironías.

Entre las cabezas de ganado se encontraba mi vaquita, aquella que fue vendida sin consultármelo por mi tío, el administrador, y cuyo dinero jamás vi. Mas el dinero no era lo importante aquí, la vaquita era el recuerdo de aquellas épocas en las que la familia era familia, y no las cabezas de ganado una medida del valor de sus miembros.

Ahora no hay vaquitas ni terrenos y espero, por su bien, que mi abuela no tenga un momento más de lucidez nunca, para que no se vea a sí misma abandonada, sin medicinas, sin nadie que la cuide, sabiendo que, ahora que ha cedido sus propiedades a un avaro hijo, su vida es una mera circunstancia, circunstancia a punto de terminar en una mecedora.

El Trackpad

jueves, 13 de marzo de 2008


Empezaré por lo más lógico: comentar que son las 6:22 de la mañana y tengo un insomnio de esos que vienen acompañados por sueño junto a, misteriosamente, una inexplicable renuencia a dejar la laptop en la mesa de noche e intentar dormir. Por otro lado, el sólo pensar en escribir un post en prosa me ha dado unas repentinas ganas de fumar, así que iré a traer una cajetilla nueva, que la anterior ya se acabó.

---Kño está al otro lado del cuarto---

De vuelta, "aquí Kño" (como la famosa frase del Hacker Atilano) 23 segundos después de haberme levantado, y 5 segundos después de haberle metido un porrazo al borde de la compu. Afortunadamente, le compré este protector transparente que deja que se vea la manzanita a pesar de tener la máquina forrada, como un caracol digital, en acrílico.


El motivo de este post es alejar la probable percepción que ustedes, pocos pero ávidos lectores bloggeros, tienen del autor de esta bitácora en forma de poemario, por lo que estuve evaluando acerca de las posibles deformaciones que podría haber sufrido yo, el que suscribe, en vuestras mentes. A continuación figuran algunas de ellas, con motivos meramente ilustrativos:

1) El "Pablomilanesófilo"
Dícese de aquella persona que anda ensimismado entre estribillos como "porque la vida no vale nada" y "sus olores llenan ya mi soledad". Suele vestirse a la usanza clásica reaccionaria, y la gente suele confundirlo con un estudiante de sociología de laPUCP a la que se la ha muerto su perro de nombre "Kant".

2) El "Creativo Frustrado"
Se le llama así a aquella persona, que habiendo estudiado Creatividad Publicitaria con ánimos de emular a David Ogilvy, terminó en un cubículo del segundo piso de Cuarzo, nextel en mano y tarjetero en la otra, buscando clientes medianos sin aspiraciones de ventas, para así poder costear la tarifa plana del internet y con ésto hacer una triste catársis vía Blogspot. Suele esta especie vestirse de camisa de corte standard, pantalones de pliegue frontal, correa talla medium con un hueco extra para que no se le caiga la prenda, y lentes de oferta de GMO, pudiendo también ser confundido con encuestador o vendedor de biblias.

3) El "Bohemio del Z"
El peinado estrambótico, los lentes de carey y los pantalones cuzqueños de rayas de colores delatan a este tipo de especímenes. Debatiéndose entre la lucidez y los "trips" consiguen ostentar cierta consistencia creativa. Las figuras literarias empleadas no son más que descripciones fieles de vívidas imágenes que creen haber visto camino a sus usuales abastecimientos de "merca". 

4) El "Emo-viejo"
Este rótulo aplica a cualquier persona que reniega de la calamidad que ha resultado ser su vida, que es mayor de 20 años y que también, presa de un lapsus generacional, cree haber encontrado un grupo de referencia real sólo por llevar ropa vampiresca, peinados del salón de belleza "Green Mile" y cicatrices en las muñecas a manera de indicadores de su rango de sufriente. Su inconsciente emulación de Santa Rosa de Lima pues no es más que un extravío generacional y denota un marcado masoquismo, junto a cierta necesidad de atención.

Inicialmente no pretendía hacer un detalle tan extenso sobre lo que había estado pensando, pero escribir siempre es un deporte. Lo único que pretendía era comentarles una idea que, por la madrugada, había dado vueltas como mariposa nocturna alrededor de un foco. Navegaba por Newegg buscando geekstuff mientras escuchaba primero "A 18' del Sol" de Luis Alberto Spinetta y luego "Como Estão Vocês?" de Titãs, y derrepente vino a mí la duda más extraña que me haya acorralado durante la noche:

¿cómo me había vuelto tan dependiente del trackpad?

Vayamos por partes, como dijo mi amigo Jack el Destripador (Richard del Rosario dixit): Cuando entré, hace poco más de un año, a Apple a comprar mi nueva MacBook Pro, la adquirí junto a un artilugio casi indispensable para cuanto ser humano tengo la (des)dicha de conocer: El mouse. Hice el desembolso extra impulsado por esa misma necesidad que nos arrastra a agarrar compulsivamente cubiertos al llevar un plato de comida a la mesa, el contar con instrumentos (el tenedor sería entonces un dispositivo de interfase plato-bucal).

Dos semanas después, tenía frente a mí un rectángulo de aluminio de 2.5kg y 1" de alto, junto a un mouse que parecía realmente un ratoncito sin cola, provisto de tecnología de punta (parafraseando a Hugo Cabieses "del piricutín inflado"). Tras limpiar mi escritorio, ahí yacían mis juguetes nuevos (junto a otros tantos), cuando le di al botón de encendido para configurar el mouse. Cinco minutos después, ya estaba usando la computadora.


Así pasaron los días, pero una inconsciente búsqueda arrastraba mi mano hacia el trackpad de la computadora y dejaba al pobre ratón libre. Me preocupaba pues, al inicio, la falta de precisión del trackpad para programas de diseño, y tenía un temor profundo a compenetrarme con esa planchita de metal que descansaba bajo el teclado, como un mono al que le acercan un palito con fuego. Y pasó que, viéndome horas atrás en mi escritorio con la mano en el trackpad mientras el ratón yacía, a unos centímetros, eviscerado panza arriba mostrando el compartimiento vacío donde deberían ir las baterías, me sentí extraviado, realmente extraviado.



¿Qué pasó? en mi otra computadora no puedo vivir sin el mouse, incluso tengo un mouse ergonómico, anatómico, tecnológico, programados sus cuatrocientos ochenta botones para que funcionen a mi antojo como si fuera yo el director de una orquesta miniaturizada, pero en esta computadora no puedo prescindir del trackpad, no puedo vivir sin él. Incluso coqueteé con la idea de irme a Japón, donde seguramente deben haber organizaciones dedicadas a extirpar este nuevo flagelo de la sociedad post-moderna: La trackpadicción (o trackpadependencia).

Pero mis ansias de conocer todo fueron más allá, se desvistió aquella duda primigenia que me asaltaba y se convirtió en una más descartiana: "cómo demonios funciona". Recuerdo haber sacado la batería de esta computadora un par de veces, y haber visto que la parte inferior de aquel dispositivo de interfase no es más que una planchita ridícula de metal y un puente con 5 filamentos de cobre. ¿Es brujería entonces? no lo entiendo. El iPod, en su trackwheel, tiene bajo la ruedita impresa que todos sobeteamos con erótico placer, dos capas separadas por un espacio, para que con una mínima presión se cierre el circuito en cada uno de sus radios, pero acabo de caer en cuenta que mientras explico ésto ¡el trackpad sigue aquí, siendo no más que una planchita de metal!

Me propongo investigar acerca de este interesante (para mí) tema. Mientras tanto, este soliloquio les grafica por qué espacios siderales divaga mi mente... pues déjenme decirle que son los lugares habituales por los que anda, los sinsentidos que colorean la vida como un niño de 3 años con crayolas en la mano al ver una pared blanca.

Pero, luego de tantas vueltas al asunto, debo responder frontalmente a la pregunta que yo mismo planteé al inicio el post, y de la cual se desprendió aquella descripción de personajes y tanto relato sobre un trackpad:

¿Quién soy?



Soy un chico (qué condescendiente conmigo mismo, debería regalarme también una caja de chocolates) que escribe recordando tiempos más felices, que gusta de hacer campañas tomando una cerveza decente, y que sufre de insomnio. Que tiene pocos amigos, pero amén a que son pocos, luego no tendré problemas al realizar mi plan de vida.

Son las 7:24 de la mañana y, escuchando a Cerati tocar un cover de "Bajan", me enciendo un cigarro pensando en qué libro debería terminar mañana. Ya salió el sol, pero lo voy a esconder un ratito con permiso de D's y del Shajarit correspondiente, para soñar con computadoras, con amores que regresan, y con dolores que se extravían en el alma que, a diferencia de mis mp3 refundidos en algún cajón lleno de cables de mi cuarto, espero nunca vuelvan a aparecer.



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Otras ideas que cruzaron por mi mente durante la redacción de este post:

- La palabra "anda" debería ser postulada como un gerundio honorario.
- Cuántas tipificaciones huyeron de éste post, y la esperanza de no sentir nostalgia ni remordimiento de que se me olviden después.
- ¿Conozco aún gente que abra las oraciones de admiración con signos de admiración?
- Debería escribir más poemas en vez de contar cómo divago.
- Terminaré de consolidar mi biblioteca en el nefasto iTunes algún día, odio que las canciones no tengan Album art.
- ¿Dónde queda la Avenida Alcorta? (como para preguntarle a Cerati).
- He descubierto una nueva lección de vida: No estornudar de cara a un cenicero.

Whisky con maracuyá

jueves, 28 de febrero de 2008


Escribo denso, lo sé: chicle de brea, sánguche de tuercas, pero aún así debo hacer mi catársis de algún modo. Así que aquí estoy, contando cualquier cosa. 

Tengo la mandíbula hinchada, lo cuál es un drama atroz porque por gusto ayer fui a que me corten el pelo y me arreglen la barba, tan lindo que había quedado...

El modo shuffle del iTunes es el método de tortura perdido de los Nazis. Estoy oyendo "besándote" de Los Auténticos, no tengo idea de por qué. Deberían haber unas compus de pítiri mítiri que sepan quién está frente a ella para no poner babosadas, pues.

Estoy participando en un concurso para ganarme unos stickers del McFly2015 project, ójala me los gane, y ojalá algún día tenga esas zapatillas, un DeLorean, una gorrita tornasolada y un Doc.

Ayer llegó Franco al cumpleaños de Jurgen, y llegó acompañado. Se acercó a saludarme y me preguntó "en qué andaba" a lo que respondí "en nada". 20 segundos después habían 30 personas cuchicheando de a quién me debían presentar para matar mi soledad. Procedí luego de ese incidente a sumergirme en Whisky con maracuyá, hablar con Toñitz de la vida y los negocios, y conversar de D's-sabe-qué porque vagos recuerdos tengo.

Usar un iPhone alcoholizado es una empresa como pocas, más difícil que abrir rejas ajenas, coser en una combi o apurar a una anfitriona, pero conseguí superarlo y llamar a taxi móvil. El resto no lo recuerdo.

Lo lamento, sólo sé que desperté hoy.

Qué rico es el whisky con maracuyá.